fragmentos, Propios, tratamiento

Un viernes cualquiera [en_proceso]

«Espérame aquí».

«Pero quiero ir contigo».

«No, mi vida, quédate aquí que no tardo; en veintiquince parpadeos regreso».

«No me quiero quedar solita, mami».

«Mi vida, es peligroso por los carros, quédate aquí y cuida la cartelera para que la gente la vea…».

El carro arranca y mi nariz dibuja una raya grasosa en la ventanilla; yo no escucho lo que dicen y tampoco les entendería porque ellas hablan otro idioma; eso me dijo mi papá, que tienen la lengua diferente, ¿será como la de las culebras? Pero no importa qué idioma hablan porque estoy segura de que la mamá le habla bonito a la hija, como mi mami a mí.

Antes no estaban. Entonces cuando el carro paraba, yo jugaba a parpadear hasta que la luz roja se apagaba y se prendía la verde: a veces se demoraba veintiquince parpadeos y otras treceyocho y así. Después aparecieron ahí sentadas con una cartelera como las del colegio y desde entonces, cuando la luz roja está encendida, la mamá se para y pasa por los carros y algunas personas le entregan algo, pero mi papá no, él se queda mirando hacia el frente como si ella no estuviera ahí estirando la mano y yo hago lo mismo cuando me pasa cerquitica por la ventanilla, como jugando a las estatuas, y la niña se queda sola y a veces llora y le salen mocos como a mí y la mamá se devuelve y la abraza y la limpia con la falda sucia, y a mí mi mami no me deja tener la ropa sucia porque cuando se ensucia, ella se enoja y me la cambia regañándome, pero la niña tiene la falda sucia y también la cara y la mamá la abraza y le da besos en la frente. ¿Será que ella quiere más a la hija que mi mami a mí? Y siempre las veo allí; entonces un día le pregunté a mi papá por qué están ellas dos ahí cuando pasamos, y me dijo algo que tiene que ver con que la tierra se había desplazado y se rascó la cabeza como cuando yo no le entiendo a la profesora, y se puso a hablar por teléfono así que ni le pregunté por el papá de la niña porque debe saber menos que yo.

Miro por la ventana grande de atrás a la señora abrazando a la niña y arreglándole el pelo; se están volviendo chiquitas como puntos y sigo sin escucharlas, pero la niña le debe estar diciendo a la mamá que después de cenar quiere ir al centro comercial a comer helado, porque ¿qué más se quiere un viernes? Eso es lo que me gusta hacer los viernes. Aunque antes tiene que lavarse la cara y cambiarse el vestido por uno limpio. Yo no he visto niñas sucias en el centro comercial.

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