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sintítulo2

-¿Por qué el arma en tu nochero?
Le preguntó mientras lo cerraba luego de sacar una cajetilla de cigarrillos.
-Hay días en que no me soporto a mí mismo, como hoy.
Dijo al quitarle la cajetilla, sacar un cigarrillo y encenderlo.
Ella escuchaba incrédula; su boca hizo una pequeña o, pero no emitió sonido. Sus ojos se le iban abriendo más con cada palabra que él decía. 
-Pero no te preocupes por eso. -le dijo sonriendo y dando un pitazo con desgano- No hay de qué preocuparse -dijo él ya para sí botando el humo de su boca y mirándolo ascender hacia el techo de la habitación.
Ella se aferró a su pecho y se enroscó entre sus piernas comø liana; cerró los ojos y se fue quedando dormida. Sus nalgas salían un poco de entre las sábanas; él dio otro pitazo, y mientras hacía aros con el humo que salía de su boca, le acarició una de las nalgas rozándola con el filtro humedecido. Se estiró y abrió el nochero, sacó la pistola y jugó con ella en su mano, la amartilló y le apuntó a la sien.
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